Lo que el gato sabe (y tú puedes aprender) sobre la calma
Hay algo curioso en los gatos.
No hacen listas mentales.
No repasan conversaciones de hace tres días.
No se castigan por haber dicho algo que quizá no sonó bien.
Y, aun así, suelen vivir bastante tranquilos.
Mientras tanto, muchas personas viven con la sensación constante de que si no piensan más, algo se les va a escapar. Como si parar fuera irresponsable. Como si soltar fuera rendirse.
Pensar no siempre es resolver
El proceso de solución de problemas se parece mucho al proceso de toma de decisiones. Pero hay un matiz importante que solemos olvidar:
No todos los problemas necesitan una solución inmediata.
Cuando estamos estresados o ansiosos, el cerebro entra en modo hiperactividad: analiza, anticipa, repasa y vuelve a empezar. El problema es que ese esfuerzo mental constante no siempre reduce el malestar. A veces, lo mantiene.
Darle vueltas a algo una y otra vez no es sinónimo de afrontarlo bien. En muchos casos es justo lo contrario.
El error más común: confundir control con calma
Muchas personas llegan a consulta diciendo algo parecido a esto:
“Si lo entiendo todo bien, si lo pienso lo suficiente, me quedaré tranquilo.”
La experiencia suele ser otra:
- cuanto más piensan, más se activan
- cuanto más buscan certezas, más dudas aparecen
- cuanto más control intentan tener, menos calma sienten
Aquí es donde el cuerpo empieza a hablar: tensión, cansancio, dificultad para desconectar, sensación de estar siempre en guardia.
Qué hacen los gatos (y por qué importa)
Un gato no ignora los problemas reales. Si hay una amenaza, reacciona.
Pero cuando no la hay:
- descansa
- observa
- pasa página
No es pasividad.
No es desinterés.
Es economía mental.
El gato no se queda atrapado en lo que podría pasar. Vive en lo que está pasando.
Desde la terapia cognitivo-conductual
Desde la terapia cognitivo-conductual sabemos que uno de los factores que más alimenta la ansiedad es la rumiación: ese hábito de pensar de forma repetitiva sobre lo mismo sin llegar a una solución real.
Aprender a gestionar la ansiedad no consiste en eliminar los pensamientos, sino en cambiar la relación que tenemos con ellos:
- distinguir qué depende de mí y qué no
- decidir cuándo actuar y cuándo soltar
- permitir que la mente descanse sin sentir culpa
Eso no se improvisa. Se entrena.
No estás fallando: estás cansado
Si sientes que tu cabeza no para, no significa que seas débil ni que estés haciendo algo mal.
Muchas veces significa simplemente que llevas demasiado tiempo intentando sostenerlo todo tú solo.
Aprender a parar, a priorizar y a soltar no es rendirse.
Es cuidarse.
Si sientes que el estrés o la ansiedad te acompañan más de lo que te gustaría, en Metanoia Psicoterapia podemos trabajar contigo estas formas de pensar que hoy te quitan calma.
Con claridad. Con respeto. Y sin prisas.





